Internacional

16.02.2018 15:49
Campañas, adhesiones, solidaridad y trabajo político

"En esta sección tendrá acceso a cuales son las posturas y criterios adoptados por el Comité Exterior del GAP en temas internacionales y conocerá obviamente las variadas campañas, actividades, y tareas en las cuales estamos abocados."

En la historia de la Humanidad hay algunas fechas marcadas para siempre. Son puntos de inflexión que determinan el avance de la razón y la justicia o de la barbarie, de la libertad o de la opresión. Uno de esos días es el 2 de febrero de 1943. Ese día el mundo entero, se puede decir, fue una sola ciudad: Stalingrado. Se sellaba la victoria oficial del Ejército Rojo sobre los ejércitos nazis en una batalla que había durado más de cinco meses.

Dos días antes de aquel 2 de febrero, por primera vez un mariscal alemán se rendía ante un ejército enemigo, el general Friedrich Paulus, al frente del 6º Ejército de la Wehrmacht, se entregaba, negándose a acatar la orden de Hitler de resistir hasta el final. Junto con él, el Ejército Rojo hacía prisioneros a más de 100.000 soldados alemanes. El inédito hecho de la rendición del recién nombrado mariscal Paulus supuso un acontecimiento histórico de primera magnitud, la primera gran derrota de la Alemania hitleriana en el campo de batalla. En consecuencia, el inicio del fin del nazifascismo.

De Stalingrado se ha dicho mucho, generalmente contaminado por el interés de desvirtuar el ejemplo heroico no solo de un ejército, el Rojo, sino de todo un pueblo, el soviético. Se han contado relatos de todos los horrores vividos en una ciudad reducida a ruinas. Se ha hablado del infierno de los francotiradores y del frío bajo el que sucumbieron los alemanes. Se ha exacerbado todo lo “cinematográfico” y se ha postrado al olvido, cuando no a la mentira, la verdad histórica, las causas y las consecuencias de la defensa de una ciudad que se convirtió en la frontera entre la barbarie y la libertad. Stalingrado ha sufrido, en definitiva, de la misma revisión histórica que toda la Segunda Guerra Mundial, a manos de una historiografía y de unas industrias culturales con el objetivo de borrar una verdad incontrovertible: que el nazismo fue derrotado gracias a la Unión Soviética.

En Stalingrado perdieron la vida casi medio millón de soviéticos, alrededor de 40.000 de ellos civiles. En el cómputo general de la guerra fueron más de 20 millones los muertos que puso la Unión Soviética, frente a los 5 de Alemania, o a los 300.000 soldados estadounidenses que cayeron en el frente. La frialdad de las cifras ofrece un rápido escalofrío ante la perversidad de la campaña anticomunista que desde la historiografía y la propaganda cultural trata de velar el papel absolutamente determinante de la URSS en el devenir de la contienda. Es de una perversión y de una obscenidad terribles que una enorme mayoría crea hoy que la victoria sobre el nazismo se produjo por causa de la intervención aliada en el frente occidental. La propaganda capitalista ha conseguido que el desembarco de Normandía esté más presente en el imaginario colectivo que las ruinas de Stalingrado. La verdad histórica, sin embargo, no puede alterarse por mucha tinta que se emborrone. Cuando se trata de la historia de un pueblo que da un paso heroico hacia el futuro, la verdad acaba por prevalecer.

La actual campaña de persecución del comunismo, con condenas de prisión e ilegalizaciones de partidos comunistas y obreros en muchos países —como ocurre ahora mismo con el PC de Polonia—, pone de manifiesto que la verdad, la libertad y la justicia no serán jamás subyugadas. Como no lo fueron en Stalingrado.

Hoy más que nunca, hoy como siempre, es preciso no dar ni un paso atrás.

 

La heroica defensa de Stalingrado

 

 

16.02.2018 15:03
Campañas, adhesiones, solidaridad y trabajo político

"En esta sección tendrá acceso a cuales son las posturas y criterios adoptados por el Comité Exterior del GAP en temas internacionales y conocerá obviamente las variadas campañas, actividades, y tareas en las cuales estamos abocados."

Un nuevo ejercicio militar en la Amazonia da luz sobre el resurgimiento de la presencia estadounidense en Latinoamérica. El ejército estadounidense acentuará su presencia militar en la Amazonia. Bajo la iniciativa Amazon Log 2017 del gobierno golpista de Michel Temer en Brasil, la Operación ‘América Unida’ juntará a los ejércitos de EE.UU., Brasil, Perú y Colombia en la ciudad tri-fronteriza de Tabatinga. Este ejercicio es una señal de un sustancial incremento de militarización extranjera en la región.

La iniciativa es liderada por el Comando de Logística del Ejército Brasileño y está inspirada en el ejercicio logístico militar realizado por la Organización del Tratado Atlántico del Norte (OTAN) en Hungría en 2015, que tuvo un despliegue de aproximadamente 1700 militares. Para esta versión latinoamericana, los objetivos, según la página oficial del Ejército brasileño, son crear una base logística multinacional para realizar operaciones de control de migración ilegal, operaciones de paz, acciones contra narcotráfico, etc..

Sin embargo, como lo señaló el diario brasileño Gauchazh, enseñar a un ejército extranjero a combatir en territorio nacional debería ser considerado “alta traición”. Aunque para el Ministerio de Defensa brasileño esto no es traición sino una oportunidad que permitirá unir a los ejércitos de ambos países.

El problema de este ejercicio es la magnitud y apertura que se ha dado a los Estados Unidos en ingresar a la selva latinoamericana. Por lo que uno de los riesgos es que la base ‘temporal’ se convierta en permanente como sucedió en Hungría, tras los ejercicios de la OTAN. Aunque las autoridades brasileñas lo niegan.

Este interés de los Estados Unidos en la región debe ser medido con la historia del imperio del norte. El altruismo, cuidado a la naturaleza o lucha contra el narcotráfico estandartes para su presencia en la región hacen eco a inserciones en otras partes del mundo, especialmente Medio Oriente, y la realidad es que ahí estos no son ni fueron sus objetivos. Detrás de toda acción militar norteamericana siempre se encuentra el fin de apoderarse de recursos para lograr sus intereses nacionales.

En el caso de América Latina, la abundancia de recursos naturales da razón a la presencia norteamericana. Según el Banco Mundial, la región cumple un rol global en la problemática del cambio climático ya que posee “las reservas de agua dulce más grandes del mundo”.

Una noticia ‘agridulce’ para los latinoamericanos ya que para varios analistas, inclusive el ex candidato presidencial demócrata Bernie Sanders, “las guerras del futuro serán por el agua”. Entre los diez países con mayores reservas se encuentran Brasil (1ro), Colombia (6to) y Perú (8vo), coincidentemente los tres involucrados en la Operación ‘América Unida’.

En la Oficina de Evaluación Neta (Office of Net Assesment) del Departamento de Defensa cuyo objetivo es analizar el futuro del ejército y sus amenazas. Andrew Marshall, ex director (1973–20015) comisionó en 2004 un reporte confidencial a Peter Schwartz, consejero de la CIA y ex Director de Planificación del grupo Royal Dutch/Shell; y Doug Randall, del Global Business Network.

En las conclusiones finales, los autores argumentan que el cambio climático y la escasez de agua son una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos y razones para futuras conflictos militares. Trece años más tarde de dicho reporte, Estados Unidos se prepara para asentar una base más en orilla del Amazonas.

Pero el agua no es el único interés de este país en la región. Telma Luzzani, periodista argentina, explica en su libro ‘Territorios Vigilados’, que “en el Amazonas se encuentra el 95% de las reservas de niobio, fundamental para el acero de las naves espaciales y de los misiles intercontinentales, y el 96% de las reservas de titanio y tungsteno, utilizados en la industria aeronáutica espacial y militar, además de ser rica en petróleo, gas, uranio, oro y diamantes”.

Es por esto que el próximo ejercicio militar es solo una pieza más dentro de un patrón creciente de militarización y amenazas regionales. Solo en lo que va del 2017 se han realizado otros dos ejercicios militares en el Pacífico y el Caribe: Teamwork South con Chile y Tradewinds frente a las costas de Venezuela con 18 países y más de 2500 militares.

La libertad de estas acciones militares demuestra un resurgimiento de la presencia estadounidense en la región, la cual se había reducido durante los distintos mandados de gobernantes progresistas neodesarrollistas en la América Latina. Aunque el asentamiento de bases en América Latina y el Caribe ha pasado por diferentes etapas desde la posguerra es a finales del siglo XX que toma su rumbo actual.

En 1999, como parte del acuerdo Torrijos-Carter, la base militar Howard en Panamá que albergaba al Comando del Sur, rama del ejército encargada en operaciones para la región, se desmanteló. Esto llevó al que Departamento de Defensa de Estados Unidos replantee su estrategia de defensa y política exterior. Bajo el estandarte del Plan Colombia, la ‘Guerra contra la Droga’ y operaciones humanitarias, se aplicó dos modelos de bases militares en Latinoamérica.

La primera, Main Operating Base (MOB), una base militar con infraestructura y acuerdos aprobados por los gobiernos: Guantánamo Cuba, Soto Cano en Honduras y varias en Puerto Rico. A pesar de que estas siguen activas, el modelo fue desechado por que genera rechazo por parte de los habitantes nacionales y un costo elevado en infraestructura y logística.

Es por esto que se aplicó un segundo modelo llamado Foward Operating Locations (FOL) o Bases de Operaciones de Avanzada, que se caracterizan por mantener poco personal militar pero la capacidad de “escalar” su presencia si fuera necesario. Las cuatro reconocidas y oficiales en la región, iniciaron sus actividades en 1999 y son: Aruba, Curazao, El Salvador, y Manta (que no renovó el contrato en 2009).

Como lo explica Robert Kaplan, ex asesor del Pentágono (2009–2011), “a menudo, el papel clave en la gestión de un FOL es desempeñado por un contratista privado. Él alquila las instalaciones en la base del ejército del país anfitrión, y luego cobra una tarifa a los pilotos de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que transitan por la base. Oficialmente es un negocio privado, lo que le gusta al país anfitrión porque puede afirmar que no está realmente trabajando con el ejército estadounidense. Por supuesto, nadie, incluidos los medios locales, cree esto. Pero el mismo hecho de que una relación con las fuerzas armadas de los Estados Unidos sea indirecta en lugar de directa facilita las tensiones”.

Pero el nombre nuevo tampoco convenció a los locales, quienes comenzaron a sospechar y rechazar estas intervenciones en territorio. Por lo que la denominación FOL cambió a Cooperative Security Location (CLS), Puesto de Seguridad Cooperativa. Sin embargo, son lo mismo y en la región las bases siguen aumentando.

En la actualidad y ante la falta de cifras oficiales se conocen 75 bases aproximadamente, algunas son MOBs, FOL/CLS, y otras llevan nombres como Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) en el caso peruano. Los países que encabezan la lista Panamá (12), Puerto Rico (12), Colombia (9) y Perú (8).

A su vez, Colombia suscribió un acuerdo de cooperación en 2016 con la OTAN para el intercambio de información, estrategias y protocolos del ejército colombiano con los miembros de esta organización, entre los que se encuentra los Estados Unidos. Mauricio Macri, presidente argentino, anunció que volverá a permitir la instalación de bases militares permanentes en Argentina, una en la triple frontera con Paraguay y Brasil y otra en Tierra del Fuego en Ushuaia. En Brasil, el gobierno de Temer incrementó un 36% al presupuesto militar, meses después de aprobarse el PEC 55 que congeló el presupuesto de salud y educación pública durante 20 años.

Estas acciones legitiman la presencia militar extranjera una vez a niveles gubernamentales. Además con estos nuevos enfoques en Defensa, se afianzará las alianzas militares con Estados Unidos, algo que abrirá la puerta para una nueva fase de adoctrinamiento en las fuerzas armadas latinoamericanas, donde Brasil cumple un rol crítico.

Según Héctor Luis Saint Pierre, coordinador de Seguridad Internacional, Defensa y Estrategia de la Asociación Brasileña de Relaciones Internacionales, “hay un respeto en Sudamérica por la escuela militar brasileña. Entonces, Brasil es un socio estratégico para la formación doctrinaria de los militares del continente. Si Estados Unidos tiene buena relación con la armada brasileña, es más fácil difundir su mensaje entre los militares de la región”.

Un escalofriante recuerdo que remonta al funcionamiento de la Escuela de las Américas, institución de adoctrinamiento militar e ideológico de los Estados Unidos, encargada de formar a escuadrones de tortura y muerte en toda Latinoamérica durante los años 70, 80 y 90. Volver a modelos de defensa de corte colonial solo representa un retroceso y peligro para el proceso de integración regional y la paz.

Inclusive iniciativas como el Consejo de Defensa Suramericano (CDS), creado por UNASUR en 2008 para encargarse en implementar políticas en materia de cooperación militar, acciones humanitarias y operaciones de paz, industria y tecnología de la defensa; será observador oficial de la Operación América Unida. “De ese modo, se legitiman los espacios en los que participa el Pentágono y se diluyen los espacios propios de la región sudamericana”, comenta Raúl Zibechi, periodista uruguayo.

Con la presencia estadounidense socavando las soberanías nacionales, apoyados por el retorno de líderes de ‘derecha’ y la deslegitimación sistémica de los proyectos progresistas de la región, la idea de Latinoamérica unida sin imposiciones imperialistas se convierte nuevamente en un sueño. De forma alarmante la región se sigue llenando de bases estratégicas de los Estados Unidos para controlar recursos, personas y operaciones militares, y entonces ¿si eso no es colonialismo qué es?

 

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